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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Ensayo Corto

DESPERTAR EN EL VALLE

Monumento al Vallenato

No podría ser honrado o bendecido quien niegue u oculta el sitio donde respira por primera vez. El sitio donde se nace ya es por eso mismo parte de lo sagrado, de lo que es de reverenciarse en la vida. Las palabras alma y respiración tiene una raíz común indoeuropea y desde antiguo se dice que el alma se respira al momento de nacer. Despertar en El Valle —Valledupar— a las 12 del día en el Hospital Rosario Pumarejo de López un 16 de junio fue y será lo primero en mi vida. Lo demás, que también reverencio, vino después.

¿Vallenatos o guajiros?

Puede hacerlo quien quiera, volver a la vieja discusión sobre si somos vallenatos o guajiros, cuestión zanjada desde 1975 por Hernando Marín en su bello canto Vallenato y Guajiro, pero aquí se trata de despertar, que proviene de la palabra despejar: Quienes despiertan cantando con la misma respiración los mismos cantos vallenatos nuestros, bien en San Juan del Cesar o Cartagena o Valledupar comparten la misma alma de ese otro que también las suspira —respira—. Todos conocemos gentes de regiones lejanas que cantan nuestras canciones casi que derramando nuestras mismas lágrimas y contentos. ¿No es eso también un cierto Despertar en El Valle? En mi caso, puede volver a la vieja discusión quien quiera. Valledupar es la ciudad bendita donde nací y San Juan del Cesar la tierra bendita donde mejor pude elevar esta vida que recibí en Valledupar.

El recuerdo más antiguo que tengo de El Valle es junto a mi madre que me animaba tomándome de un brazo a que subiera unos peldaños gigantescos de la escalera que conducía al segundo piso del Hospital Rosario Pumarejo de López a donde me llevaba seguido porque nací «sufriendo de los pulmones». Aún ese recuerdo del niño enfermizo siempre me ha llegado con la misma alegría que me llegan todas las vivencias en Valledupar ­—ya lo he dicho—, donde al regresar vivo la alegría incontenible de un niño soltado al patio de recreos. Sólo una vez fue triste, cuando viajé al sepelio de Rafael Escalona en 2009. El resto del tiempo ha sido siempre un regresar fascinante y feliz, siempre un bello Despertar en El Valle.

¿Y el origen de esos vallenatos? En época prehispánica El Valle de Upar se extendía desde El Banco hasta cerca de Riohacha. En la Conquista se aliaron contra los españoles los indios del Valle de Macuir —del otro lado del Ranchería— con los Chimilas del Valle de Upar, mezclando buena parte de sus culturas. Con los decretos del General Rojas Pinilla las brisas, las aves, las aguas que van y vienen entre La Guajira y El Cesar no se detienen en el límite político de Varas Blancas. Quien tenga tiempo para perderlo que lo haga. Yo bendigo a quien haya adoptado por propio el suspiro de los cantos vallenatos porque vive conmigo un Despertar en El Valle aunque vivamos y durmamos en ciudades distintas del mundo.

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