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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Vallenato

Un vallenato en mi voz.

Cuando gané el Festival de Compositores Vallenatos en 1977, a los 12 años, la entonces CBS me pidió ese mismo diciembre que grabara  en mi voz, pero mi mamá se opuso, no quería que yo fuera músico o poeta o algo relacionando con la bohemia, y por eso, sin respiro, sacaba de mi casa a todo aquel que hasta allá iba con esa propuesta. Tres años después, cumplidos los 15 años, con la aparición una voz distinta me torné reacio a cantar mis canciones, como quien decide cosechar a oscuras en la madrugada para que los demás vieran en el día a la rosa y no al cultor.

Así me mantuve hasta hace 3 años, cuando Juan Mario de la Espriella me pidió cantar un vallenato en mi voz para su disco Mi esencia, un homenaje a sus maravillosos 20 años de vida musical. A semejante compromiso con alguien que quiero tanto y que me acompañó con su acordeón en Bogotá por tantos años, se sumó el hecho de que se trataba de regrabar mi primera canción llevada al disco en 1983 y que, además, se trataba de un vallenato romántico en tono menor, que eran y siguen siendo muy escasos y difíciles de componer como de cantar.

Valledupar es junto a Cartagena y París uno de eso sitios donde siempre vuelvo a sentirme como un niño con incontenible alegría y, sin resistencia alguna, Juan Mario me llevó al estudio de grabación de Camilo Daza, donde al cantar de nuevo Mis tristezas, mi poema 14 que escribí en 1981, viví la magia de regresar a ese tiempo del bachillerato y vencer aquellas nostalgias que por entonces me decían que tras el desamor sólo me quedaba el azul de mi infancia con sus enormes presentimientos en los primeros gallos y en las últimas aves tijeretas del ocaso.

Al escuchar ahora esta bella regrabación de Mis tristezas con el acordeón de Juan Mario, regresan con nuevas respuestas las viejas preguntas que desde 1981 tenía en mis manos y estaban apenas esclarecidas con débiles destellos de mi noche interior, cuando aún no sabía que caer es empezar, cuando desabrigado me preparaba para irme a Bogotá a estudiar medicina. Hasta Bogotá me llegaron en marzo todas esas soledades en la preciosa voz de Elías Rosado que hizo la primera versión de este canto en 1983.

Hoy necesito decirlo otra vez: ¡Dejo a mis amigos estos versos buenos! Hoy les dejo un vallenato en mi voz tras 42 años de espera: Mis tristezas

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