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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Bioética

Prostitución y vientres de alquiler. Un problema ético.

La prostitución y el alquiler de vientres convergen en la mercantilización y cosificación de la mujer.

Prostitución:

No es discutible que el individuo es quien elige qué hacer con su cuerpo, pero en el caso de la prostitución se trata de dedicarse ­—o hacer que alguien se dedique— a mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero o de un beneficio, y esto siempre implica la degradación del más débil.

La persona que debe prostituirse para rentar dinero, no está en una situación simple,  debe convertirse en un bien de consumo para comer y dar de comer a los suyos. La mujer es esclavizada —lo sepa o no en medio de comodidades transitorias— por mercaderes que sólo les incumbe ganar mucho más dinero que la persona prostituida. Si se trata de un menor, ya ni siquiera puede elegir formalmente, y es arrastrado a una vivencia de la que difícilmente podrá desligarse emocionalmente alguna vez.

Alquiler de vientre vs  La gestación subrogada.

Un escenario naciente y en diversos aspectos comparable al anterior con parecido espanto, puede constituirlo el alquiler de vientres con fines médicos. Uno de los grandes retos actuales de la bioética es el riesgo de mercantilización y cosificación de la mujer que puede dedicarse a alquilar su vientre por varios meses para que otra tenga un hijo.

Es una situación distinta al caso de una abuela o una madre o una amiga que por pura conmoción y complacencia presta su vientre a esa persona amada para que finalmente sea madre, ya que no puede hacerlo por naturaleza propia (Gestión subrogada ). En este caso no habría ánimo de lucro y más bien operaria «eso altruista» que el lugar común describe como «un acto de amor».

Pero es claro que ya arrancó la industria de la gestación subrogada, del vientre de alquiler por la que una mujer accede a gestar el hijo de otra persona a cambio de dinero. Ahora sólo piense en el horror de una era de trata de personas para hacerlas concebir.  Hay que avanzar en todos estos casos de vientres que se alquilan —en las calles o en los hospitales— para que las palabras humanidad y dignidad, literalmente, no se prostituyan.

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