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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Bibliografía

PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CARTAGENA PROLOGA “ENTRE LAS HUELLAS DE LA INDIA CATALINA” DE URBINA JOIRO

Dr. Vicente Martínez Emiliani
Presidente de la Academia de Historia de Cartagena de Indias

EL RESCATE DE LA INDIA CATALINA

            Con la paciencia de un entomólogo y la curiosidad de un avezado investigador de la historia, que lo es en el más estricto sentido del vocablo, Hernán Urbina Joiro rescató la existencia cierta de La India Catalina, desdibujada y semiperdida en los entreveros de su misma leyenda.  Para lograr su cometido, no hubo esfuerzo que esquivara, ni viaje que no emprendiera ni dificultad que no superara con ejemplares perseverancia y decisión.  Escarbó en las tierras que sirvieron de escenario a los primeros años de vida de su personaje, husmeó en testimonios de los viejos cronistas de América y consultó las antiguas y las nuevas versiones sobre la «lengua» que llegó con Pedro de Heredia al desembarcar, con ánimo y títulos de conquistador, en las playas de Cartagena el 13 de enero de 1533.

            La búsqueda de la verdad sobre La India Catalina constituyó una fijación para Hernán Urbina, desde el despertar, ya lejano, de su apego al conocimiento de la Historia que, a través de su fecunda existencia, ha marchado al lado de su afición por la música, que lo convirtió en el consagrado poeta vallenato, y de su insobornable dedicación a la medicina, como doctor que es en Medicina Interna y Reumatología. Por eso, bien pudo afirmar la consagrada escritora Carmen Gómez Pérez, historiadora y profesora universitaria, y miembro correspondiente de la Academia de Historia de Cartagena, que cuando Hernán regresó de Sevilla, donde estudió sin reposo en el Archivo General de Indias, que guarda en miles de libros y de infolios el tesoro del pasado americano, «este libro estaba en su corazón y en su mente».

            Entre las huellas de la India Catalina no es, simplemente, un intento biográfico sobre un personaje difuminado en el tiempo.  En su exacto valor literario e historiográfico hay que considerarlo como la recuperación de los principales perfiles de un ser cuyos contornos no habían sido precisados y cuyo nombre había ingresado al mundo mágico de lo mítico e inasible.

            Catalina se encuentra en las cartas, ya borrosas y polvorientas, escritas por Pedro de Heredia al emperador Carlos V, en 1533, e, inmediatamente después, en las páginas de Juan de Castellanos en su Elegía de Varones Ilustres de Indias, y en Gonzalo Fernando Oviedo y Fray Pedro Simón y el Alguacil Mayor de Cartagena (1533), Alvaro de Torres.  Pero en ninguna de ellas se le describe con precisión. Ya en el amanecer del siglo XX se ocupan de su vida Eduardo Gutiérrez de Piñeres y Camilo S. Delgado.  Este último, sin abandonar hechos reales, deja volar su prodigiosa imaginación y crea más de una situación de perfiles legendarios.  Pero no se ve con claridad, en ninguno de los documentos citados, la existencia de quien fue acompañante, que no compañera, del fundador de Cartagena. Tal, una de las razones por las que adquiere especial relevancia la obra de Hernán Urbina, que logra describir, en serie, apenas interrumpida de secuencias, la realidad del personaje.

            A Catalina, por su papel como colaboradora de los españoles en la conquista, se la ha comparado con la «Malinche» de Méjico, traductora y amante de Hernán Cortes.  Pero sus actuaciones tienen diferentes orígenes.  Catalina fue raptada en 1509, cuando todavía era una niña, por Diego de Nicuesa, en la hoy Galerazamba, y conducida a Santo Domingo, donde vivió más de veinte años y adquirió los hábitos, costumbres y creencias religiosas de sus captores.  Reformada, en su espíritu, en su fe, en sus valores y en sus sueños, al regresar a las vecindades de su solar nativo y ser escogida en Gayra, por Pedro de Heredia, como «lengua» y ayuda en la conquista, sin duda estaba convencida de la verdad y las bondades del cristianismo, y apegada al estilo de vida de los españoles. Lo que explicaría su franca colaboración en la labor de convencer y cristianizar a sus hermanos de raza, sumidos en el más crudo paganismo.

            El caso de «Malinche», llamada «Doña Marina» por los compañeros de Cortés, según versión de Bernal Díaz del Castillo, es muy diferente. «Malinche» pertenecía a familia de posición sobresaliente en su tribu. Muy joven todavía fue apartada de su casa y vendida como sierva o esclava.  De ahí se puede inferir que su colaboración con los invasores, en principio, pudo estar fundada en un enorme resentimiento y en un belicoso ánimo de venganza. Mucho después se convirtió en aliada sincera de los conquistadores y en amante de Cortés con quien tuvo un hijo. Los dos casos, pues, no son iguales. Además, acerca de «Malinche» existen mil y un testimonios detallados que permitieron, desde siempre, conocer su vida y sus andanzas.

            La ayuda de Catalina a la llegada y el accionar de Heredia tuvo indudable significación, aunque no adquirió los perfiles, a veces aproximados al sacrificio, de «Malinche», de la que uno de sus instantes cimeros fue su actuación en los episodios que desembocaron en la huida de los españoles de Tenochtitlan, conocida con el nombre de la «Noche Triste».  Pero la india de Galerazamba se desempeñó como valioso aporte al éxito de Heredia. La presente obra de Hernán permite conocer, con mayores elementos ligados entre sí y más fundados criterios históricos, la existencia de un personaje real, difuminado por el tiempo y nimbado por la leyenda.

Cartagena de Indias, 29 de marzo de 2006.

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