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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Ensayo Corto

POR DEPORTE… ¡POR HONOR!

Fue lo que quiso decir el fundador de los Juegos Olímpicos modernos, Pierre de Coubertin, en diversas frases hoy célebres, y el mercantilismo hoy nos reta a recobrar todo lo que se pueda de ese altruismo, sin que el deporte deje de ser un estupendo trabajo, pero sin desechar que puede ser, precisamente, por deporte… ¡por honor! Hoy auténticamente se valida cada segundo la expresión «deporte extremo» al contemplar el juego que hace ganar a una persona el dinero suficiente para eliminar el hambre de todo un país y al tiempo constatar que la expresión «Por deporte» también significa: Por indiferencia.

Deporte y corrupción

Qué grandioso es el deporte, capaz de unir a todo un país, y hasta en la Colombia en guerra de los años noventa fue capaz de sentar en la selva, frente al mismo televisor, a guerrilleros y al gobierno que se combatía, pero detrás de nuestras felicidades honestas germinó, desde las canchas hacia los sectores mafiosos más tenebrosos del mundo, buena parte de lo peor que el mercantilismo puede hacer con los seres humanos. El FIFA Gate que movió por dinero la sede de varios mundiales de futbol como llevó a prisiones a famosos dirigentes deportivos, o los recientes escándalos por la boletería de los partidos de la selección Colombia, son sólo casos aislados de todo lo oscuro que empezó a dominar en el deporte desde que primó el dinero sobre el honor.

Tan legítimo es que un escritor excepcional perciba ventas millonarias por sus libros como que un jugador con capacidades excepcionales tenga ingresos millonarios y ambos pueden ser aspiración legítima de los niños del orbe. Inquietan cuestiones como las arriba señaladas e inquietan los extremos reprochables a que nos ha llevado, también en el deporte, la creciente brecha de los que ganan demasiado dinero y los que jamás podrán salir en su vida de la pobreza extrema. Messi y Ronaldo, por citar sólo dos ejemplos, tienen mucho por hacer para sacarle lustre a un deporte que puede ayudar a mejorar la equidad y que no necesariamente debe constituirse en logística de las mafias internacionales.

Pero qué grande es que nuestros deportistas nos alivien, nos hagan olvidar por momentos, lo peor de la condición humana a través de sus proezas deportivas, y no hay que perder de vista que el nombre de los grupos humanos relegados, tal vez, empezó a redimirse el día que triunfó Jesse Owens en las Olimpiadas de 1936 ante un humillado Adolfo Hitler que salió iracundo del estadio de Berlín.

Colombia misma debe buena parte de su buen nombre a los hombres y mujeres que desde las epopeyas de Cochise Rodríguez o Marcos Coll nos recuerdan que el deporte no tiene que ser un medio de cosificación de deportistas, espectadores, de toda la sociedad, sino que más bien puede encarnar la auténtica grandeza de un país, si es por deporte… por honor.

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