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…PERO DE RECUERDO TE DEJA UN PASEO

Último encuentro entre Escalona y Urbina Joiro, 28 de marzo de 2009
Último encuentro de Escalona y Urbina Joiro 28 de marzo de 2009


Su genuino testamento canta que no es posible que “El pobre Simón”, ni ningún colombiano, se muera en el mundo sin volver a casa.


HERNÁN URBINA JOIRO

Muchos advierten que no se debe escribir así, dominado por tanta tristeza, a riesgo de caer en lo sentimental, pero no es posible despedir de otro modo a un mago de las palabras mismas, tal como no es posible para los vallenatos, de nacimiento o por afecto, esconder la desolación en estos instantes, porque, en verdad, no tenemos para qué mentirnos: ahora los vallenatos nos sentimos inmensamente solos.

Escalona pareció vivo desde siempre y para siempre, encarnando la estampa del gran vitalista de los cantos a la existencia cotidiana, que es en realidad donde trascurre la vida. Y son esas mismas canciones las que ahora nos autorizan a decir con el autor del versículo: “la muerte no tiene dominio sobre él”, porque Escalona es uno de los pocos de quien se puede decir con certeza que siempre se oirá en todos los tiempos en las voces del mundo que nunca dejará de decir alguno de sus versos.

Y si entre todos sus versos debiéramos buscar su último testamento, tal vez lo encontraríamos en aquel paseo tradicional donde reclamaba: “¿Cómo es posible que ‘El pobre Simón’ / Se muera en el mundo sin volver al Plan?”. Escalona sufrió el secuestro de familiares, de amigos, y tuvo secuestrada hasta el final su esperanza de una paz terminante. Ahora debemos esperar a esa esperanza por él, oyendo sus versos que reclaman que no es posible que “El pobre Simón”, ni ningún colombiano, secuestrado o combatiente, se muera en el mundo sin volver a casa.

Igual que hizo gestiones en Venezuela por los años ochenta y noventa para liberar secuestrados de las FARC, Escalona estuvo presente en aquel acto de desmovilización de las Autodefensas en el Cesar. Su militancia plena estuvo en esa enorme unión de colombianos que no desea saber de más gentes arrebatadas a sus familias, colombianos que sueñan con un plan de paz para Colombia, un plan que sería el triunfo de todos los que amparan a la libertad como derecho irrenunciable de los seres humanos.

Sepa cada víctima del conflicto colombiano, y “que de noche se asoma en la sierra a ver la luces” de la pacificación, que puede encontrar en los versos de Escalona la inmarchitable ilusión de un futuro cierto y mejor; una ilusión que con confianza puede abrazar y debe cantar desde donde quiera que se encuentre para aumentar la voz de todos los que clamamos una seña de grandeza de quienes aún no la muestran.
No se puede minimizar que los tres pilares del Festival Vallenato trabajaron a su modo para mitigar la guerra colombiana: Consuelo participó en los diálogos con las FARC en tiempos de Belisario Betancourt, López buscó hasta su último día un acuerdo humanitario y Escalona estuvo hablando con todos para hacerlos desistir del secuestro. Sirvan ahora los cantos de Escalona como punto de encuentro entre todos los colombianos, de diversas ideologías, pero que entonan sus canciones, y los inspire a hablar esas palabras francas de la paz definitiva que tanto buscamos.

Quizás tengan razón quienes advierten que no se debe escribir así, dominado por tanta tristeza. Pero, siendo mucho menos grande que tú, Maestro, era imposible dejarte de decir todo esto a través de las lágrimas por más que siempre dijeras: “No quiero que me llores porque me da dolor”.

 

13 de mayo de 2009
Cartagena de Indias.

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