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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
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MEDICINAS ALTERNATIVAS Y PSEUDOCIENCIAS

Las dos expresiones no siempre son equivalentes, pero cada día más, por la fuerte publicidad engañosa, se acercan a significar lo mismo: medicinas alternativas y pseudociencias. Es incuestionable, por citar un antiquísimo recurso oriental, que la acupuntura alivia diversas formas de dolor pero es un hecho que la acupuntura no curará la causa de todo dolor, como el que ocasionan más de un centenar de artritis existentes o el complejo reumatismo de partes blandas que conocemos desde 1990 por Fibromialgia.

Es cierto que medicinas milenarias como la Artemisa Annua asiática han sido avaladas por la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento de la Malaria, pero no hay ningún estudio que siquiera insinúe que la dilución infinitesimal (como echar una gota en un rio o en el mar) de las presentaciones homeopáticas, sirva contra alguna enfermedad.

Inofensivo es distinto a: efectivo para…

Entonces, ¿por qué se venden medicinas que son pseudociencia? Porque hasta en países con grandes estándares farmacológicos, como Inglaterra —que cada vez recortan más los fondos oficiales para la homeopatía— también hay que respetar el derecho al libre desarrollo de la personalidad y dejar que cada cual elija autónomamente si se trata o no una enfermedad y con qué tratamiento. Con esta exigencia respetable de las personas, necesariamente debían expandirse la oferta de alternativas que no tienen que aportar ningún estudio de eficacia contra ninguna enfermedad sino un certificado de Buenas Prácticas de Manufactura, que indicarían que son inofensivas aunque es claro que se asocian frecuentemente las elevaciones de enzimas hepáticas y casos de sangrados con el uso de medicinas alternativas.

Regulaciones, omisiones y/o mentiras

Casi todos los frascos de estos preparados adquiridos en tiendas naturistas en los Estados Unidos de América como en Colombia incluyen un recuadro, casi siempre en inglés, que advierte que ese producto no ha sido probado contra ninguna enfermedad ni es vigilado por la Food and Drug Administration (FDA), la agencia del gobierno de los Estados Unidos responsable de la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos, y la revista Rheumatology advirtió hace más de una década que el tipo de Glucosamina como la cantidad que anuncian estos productos naturistas es claramente engañosa.

Este es un asunto de libertades —y fuerte poder económico, como también lo ejercen las farmacéuticas tradicionales— pero también es un asunto de información que no siempre es ofrecida correctamente al comprador de productos alternativos que en España sólo el 8% consulta a un médico para ingerirlos, siendo la Internet o el boca a boca de los amigos “la fuente científica” para comprarlo, pero no hay clara conciencia de que con ellos se puede estar retardando la atención eficaz a un problema médico serio. La reciente carta abierta de cerca de 400 personas del ámbito científico a la ministra de Sanidad española, Luisa Carcedo, arranca diciendo: “Seamos claros: las pseudociencias matan”, ello tras la muerte de Rosa Morillo, una economista de 43 años que intentó vencer un cáncer de mama solo con homeopatía y otras pseudomedicinas.

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