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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
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LÓPEZ, EL VALLENATO

Urbina Joiro con el Ex Presidente López
Hernán Urbina Joiro y Alfonso López Michelsen en Bogotá en 2004.

Al final de un homenaje en Valledupar en los años 90, el doctor López afirmó que intentaba adivinar entre la multitud de mujeres vallenatas el rostro de su abuela. Su pasión por lo vallenato daba la impresión de que allí buscaba cierto remedio para esa orfandad que se advierte en su frase, orfandad que alguna vez también le atribuyó a su propio padre.

Tal vez recuperaba cuestiones perdidas en los rostros, en la charla, en la música de las gentes de la Provincia de Padilla y, en especial, del Valle de Upar, pues no en vano antes de morir le recordó a su biógrafo, Stephen J. Randall, que “el Cesar es la patria”.

La música vallenata debe buena parte de su fortaleza al presidente López Michelsen. La suya fue la misma feliz circunstancia de Gabriel García Márquez y Consuelo Araújo, que, sin escribir un solo vallenato, difundieron como nadie la grandeza de esas letras.

López presentó a Escalona en la sociedad bogotana hacia la mitad del siglo XX. Más tarde, en el propio Congreso, durante aquel debate en defensa del presidente Lleras Restrepo, el entonces Canciller supo amalgamar sus razonamientos políticos a los versos de La gota fría.

La fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, en compañía de Consuelo, Escalona y Miriam Pupo, fue una obra decisiva para el desarrollo de la región y su folclor.

Con el humor que lo distinguía, en el libro Palabras pendientes se definió como un “medio costeño” que pudo prevaricar en la cátedra universitaria a favor de los cesarenses. Y pudo seguir haciéndolo.

En la celebración de los 80 años de Hernando Molina Céspedes, el presidente recordó entre risas con Jaime García Márquez lo que ellos llamaron “un posible vicio de nulidad” en la coronación de Alejandro Durán, nativo de El Paso (Cesar). Fue en el primer festival. El quiosco donde concursaba Alejo estaba frente a la casa de la familia Castro.

Al terminar la pieza Pedazo de acordeón se oyó una voz alta y firme:

—¡Que la repita!

Las miradas se volcaron a la casa de los Castro y en el ventanal descubrieron a quien hacía la petición: nada menos que el gobernador López Michelsen. Uno de los jurados, con documento en mano, dijo que ello iría en contra del reglamento. El otro jurado, Luis Enrique García Márquez, el gran músico de la familia de Gabo, resolvió la situación:

—Que dé tres pasos hacia atrás y la toque.

Y así se hizo. Al salirse del quiosco, se asumió que Alejo tocaría por fuera de la competencia. Pero, con semejante guiño, la suerte de esa corona parecía echada.

Colombia vive un momento político impredecible y no pocos echan de menos la lucidez, la visión propia de Alfonso López Michelsen en coyunturas como estas.

El 27 de abril del 2004, mientras defendía de pie, por casi una hora, la tesis del quinto ritmo vallenato, el presidente López lanzó una frase -como siempre- para interpretaciones varias: “Después de la muerte viene la resurrección y tenemos que seguir hacia adelante”.

Pues este 30 de abril regresa el ex presidente, como era de esperarse, en Valledupar. Serán cuatro días para volver por esas calles de López, el vallenato, a cantar las letras que invitan a seguir adelante, incluso optimistas frente a la incertidumbre política que sacude al país. ¡Vamos a Valledupar!
Cartagena de Indias
26 de abril de 2008.

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