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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Ensayo Corto

HUMANIDAD EN EDUCACIÓN

Grabado de un educador griego


Antiguo grabado de un educador griego.

“Todos somos educadores y la calidad de la educación la tendremos que mejorar entre todos”.

*Texto enviado al I Congreso Iberoamericano y IV Nacional por una Educación de Calidad, en Cartagena de Indias, 26 de octubre de 2011.

Hernán Urbina Joiro

Corresponde a los gobiernos el mayor esfuerzo para mejorar la cobertura y calidad de la educación, pero no todo el esfuerzo: artistas, columnistas, locutores, todo aquel que represente un modelo o patrón en la sociedad está educando para bien o para mal. Hay suficientes indicadores de mala calidad, a diversos niveles, en la educación colombiana. En el informe “Pisa 2009” ninguno de nuestros alumnos muestreados llegó al nivel de excelencia de 6 en lectura -ni aún al 5- y nuestras niñas fueron las más rezagadas frente a los jóvenes latinoamericanos en ciencia y matemáticas. Tras el diagnostico obligan las soluciones.

Recién, William Ospina ponderó bellamente la capacidad de los libros para cambiar a los seres humanos y sólo habría que agregar que incluso la cultura digital es todavía mucho más poderosa que los libros, por lo que debe ser aliada y no problemática como hoy puede serlo, al ser untada la información directamente a la corteza cerebral por los medios audiovisuales a seres humanos con un importante grado de atrofia, que parecen tener cada vez más dificultades para digerir las informaciones y la lactosa.

Lo que podría atrofiar de la cultura digital -y de toda cultura- no son las imágenes o la digitalización en sí mismas, sino la naturaleza de los contenidos. En Internet se puede leer todo el chisme del planeta, pero también se puede leer o escuchar a Saramago o Umberto Eco. La barrera al conocimiento no es el vehículo empleado, sino aquello que es barrera para la abstracción. El conocimiento es esfuerzo mental, no meros datos o informaciones acumuladas. La cultura digital, con  contenidos oportunos para procesar en conocimiento, será la más poderosa herramienta para humanizar con educación.

Con lo anterior se podría ensayar una definición de “educación con calidad”: sería aquella que mejor provee de auténticos conocimientos, pero, además, de  conocimientos “convenientemente  humanizados”, entre otras razones porque la palabra humanidad también encierra lo siniestro de los seres humanos. “Humanidad en educación” invoca lo mejor con que contamos para humanizar favorablemente: el conocimiento del lenguaje, el encuentro de nuevos significados y argumentaciones, y con ello la apertura a la ética, a la tolerancia. Bernard Madoff, autoridad mundial en estafas, tiene excelsos conocimientos en matemáticas, lectura y escritura, pero no convenientemente humanizados por la ética, la integridad y la solidaridad.

No debemos apostar sólo a la técnica, sólo a la oferta de computadoras en los colegios, por ejemplo, que son muy importantes, pero no lo único importante. Necesitamos más ciencia, tecnología y fomento a la investigación para el progreso, pero sin  olvidar que nuestro principal norte no consiste en que nuestros hijos dirijan en breve a la Agencia Espacial Europea. Necesitamos progresar en equidad, paz y justicia, entre ciudadanos auténticamente responsables, que incluso garanticen que ese mínimo de 7% del PIB para educación que se acaba de pedir en Cartagena caiga en buenas manos y sea eficaz contra la alta deserción estudiantil, la fuga de profesionales o la desigualdad para acceder a esta educación de alta calidad.

Esta será una labor difícil frente al actual modelo de educación de los medios masivos y frente a la autoridad de una ciencia principalmente económica, desentendida de las auténticas realidades de los hombres, de sus idealismos, y que origina un vacío embuchado por el consumismo. En esto parece radicar mucho la actual protesta estudiantil, que ojalá no degenere en una simple neurosis colectiva, irreflexiva como estéril.

Pero hay posibilidades si los que educan -¡incluso los maestros!- mejoran sus destrezas y medios para, además, enseñar a seguir aprendiendo toda la vida. Se trata de educar a “nuevos partidarios de lo humano”, a seres más íntegros, más conscientes, más solidarios, lo que implica una nueva educación para el manejo de la fantasía, de la crítica imaginativa, en lugar de una educación sólo para aprobar materias e irse a pelear un empleo con los demás, lo que es una educación todavía aristotélica, propia del pensador que promovía muy naturalmente la esclavitud.

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