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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Conferencia

ESCALONA COMO CENTRO DEL CÁNON VALLENATO

Hernán Urbina Joiro

Hernán Urbina Joiro pronunció la conferencia Escalona como centro del cánon vallenato” el sábado 24 de abril de 2010 en el foro “Escalona, el más grande de todos”, con el que se inauguró la edición 43º del Festival de la Leyenda Vallenata. Aquí, algunos apartes de la conferencia.

“En la música vallenata, desde hace mucho tiempo atrás, se viene señalando lo que se considera lo más encumbrado y, sin vacilación, hay que registrar que en los últimos 50 años no se pone en duda que Rafael Escalona y sus obras son lo más valioso que tiene nuestra música. Esa no es una afirmación que pueda llamarse, propiamente, como controversial, y, si lo ha sido, principalmente ha de ser al interior de otros géneros caribeños distintos al vallenato, donde, es comprensible, que pueda resultar difícil esta preeminencia de Escalona, como también de la música vallenata, sobre el resto de expresiones musicales colombianas. Lo que podría ser debatible, serían, más bien, los fundamentos, las razones de esa supremacía de él sobre el resto de autores vallenatos que lo precedieron y aún sobre los que le han sucedido”.

“Con la nueva cara que le dio al Paseo y al Merengue, Escalona le sirvió, literalmente, de escalera a todo aquel que quiso cantar más alto de lo que se podía en el vallenato antes de 1943. Es así de claro: El modelo que, principalmente, se siguió en el vallenato para hacer Paseos y Merengues a partir de los años cuarenta no fue el de Chico Bolaño, ni el de Lorenzo Morales, ni el de El Viejo Emiliano, ni siquiera el de Don Toba, sino que fue, principalmente, el impuesto por Escalona. Tras él, la mayoría de autores se volcaron al Paseo y al Merengue, dinamizados por Escalona, lo que, tal vez, pudo contribuir a la decadencia de la Puya y el Son”.

“Otro rasgo de un auténtico autor canónico es su habilidad para representar memorablemente la condición humana; la genialidad para recrear de manera imborrable un personaje —aunque se trate del autor mismo—, y hacerlo tan sólo con lo que permiten las palabras y, en el caso del vallenato, además con lo que permiten suscitar en el espíritu la melodía y la armonía. Escalona, con esa fantástica mezcla de versos y músicas construyó los personajes más complejos y notables de todo el vallenato: “Juana Arias”, “Miguel Canales”, “El Tite Socarrás”, “El Magistrado Molina”, “El jerre-jerre”, varias decenas de figuras que, siendo todas reales, luego las reinventaba a su gusto con pasmosa verosimilitud”.

“Otra marca de Escalona es la precisión, la deslumbrante economía de las palabras que poseía, palabras suficientes para darnos pleno conocimiento de las circunstancias, de las incidencias, e incluso fue capaz de avisarnos a nosotros mismos y a los demás que teníamos una existencia singular y respetable. No podemos olvidar que, como nadie antes ni después, Escalona nos dio un vasto y digno lugar en Colombia y fuera de ella; que Escalona forjó nuestro arquetipo de hombre vallenato; que Escalona comunicó como nadie, antes y después, nuestro colectivo. Sus versos fueron y son nuestra lengua madre y nuestro pasaporte; son nuestro más genuino rostro como vallenatos y esta palabra, vallenatos, incluye a los paisanos de mi Guajira y del actual Magdalena, todos parte del inmenso país chimila o vallenato que inicia en la cuenca del río Ranchería y acaba donde se pierden las aguas del río Cesar en el rio Magdalena”.

“Lo canónico, entonces, no se construye sin obra canónica alguna, no se construye sólo con intrigas políticas o sociales, sin nada con que se pueda conmover al mundo. La política, las fuerzas sociales, la propaganda, más bien utilizaron después a Escalona y a su obra, ya canonizada en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, para forjar, incluso, grandes empresas, como la creación del departamento del Cesar. Mucho antes de esto, Escalona ya había salido tan sólo con su nombre y sus canciones a cantar por la provincia, que rápidamente, y en vida, lo canonizó, puesto que la canonización de un autor puede empezar y darse por completo en vida del mismo: los contemporáneos y los sucesores prolongan e inmortalizan su estilo, sus imágenes, sus cadencias, y, junto al pueblo, son quienes empiezan a canonizarlo y eso precisamente ocurrió con Escalona. Hay muchos otros que necesitan de la muerte para iniciar su camino a la canonización, pero, ¿quién duda que Escalona y García Márquez no necesitaron morirse para ser autores canónicos?

“Pero, permanecer en el canon y además centrándolo, siendo la figura esencial e indestructible, no es una situación pasiva, sino más bien una lucha constante contra lo nuevo que surge y también contra viejos enemigos. No hay otro héroe vallenato invicto de tantos ataques como Escalona. De todas maneras, no hay que perder de vista que el número de adversarios puede ser, además, otro indicador de que una obra y un nombre pesan. En el caso de Escalona habría que agregar que, irónicamente, sus contradictores siempre han terminado como armadillos buscando sus cuevas en las serranías del Magdalena Grande o las sabanas del Viejo Bolívar”.

“En el vallenato, amigos, sí hubo alguien, como nadie antes ni hasta el día de hoy, muy parecido a una majestad, y su nombre es Rafael”.

24 de abril de 2010
Valledupar, Colombia.

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