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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Mujer

Eileen Moreno.

Cuando se daña algo en alguien, algo de nosotros se daña también. No tengo el gusto de conocer personalmente a Eileen Moreno y nadie tampoco podría conocer justificación alguna para semejante maltrato que ha sufrido. El feminismo, como todo proselitismo me inquieta, me hace dudar. Doy por sentado siempre que una agresión intencionada debe sancionarse. La fractura de su órbita izquierda no es simulación, es violencia desproporcionada. Conozco bien a México y la denuncia de Eileen reviste una valentía admirable.

Lo de Eileen Moreno trasciende las campañas oportunistas

De feminista podría ser acusado alguien como yo cuya obra literaria ha sido un continuo elogio a la mujer, pero adoro a las féminas no al feminismo que puede entrañar todo eso siniestro de que es también capaz el afán proselitista, como la calumnia o el papelón de alguien que promueve el #YoTambien, pero tiempo atrás había seducido a un menor de edad. Lo de Eileen Moreno trasciende las campañas oportunistas. Más bien podría ser una alerta de que todos los espacios ganados por la mujer, a pulso, especialmente desde el siglo XX, podrían ser echados por tierra por cualquier matón de barrio porque con la humillación de Eileen fueron humilladas todas las mujeres que queremos y admiramos en el mundo.

Pero también han sido humillados todos los que habían resuelto inclinarse ante seres inteligentes y bellos como Eileen Moreno. No concibo la vida sin las palabras, las ocurrencias, las miradas, los consejos, la compañía de una mujer, como no concibo posible que la justicia permita que con la impunidad y con la falta de auxilio temprano todos sigamos siendo golpeados inanes incluso con agresiones como la sufrida por Eileen. Las fotos viralizadas del ojo izquierdo cubierto son muy simpáticas. Los informes de develamiento de planes y de prevención efectiva del maltrato serían mucho más reconfortantes.

El desdén del mánager y del vigilante del edificio donde ocurrieron los hechos también hablan de la tortura que sufrió Eileen Moreno en esas horas inacabables. Desde que viví en México en los años noventa he conocido de la malaventura de las colombianas en tan grande y bello país. Los esfuerzos habrán de ser desplegados aquí y allá.

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