hola
  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
Educación

Educar para seguir interpretando.

La Flaca

Quienes aprendieron a dominar el frío y a elaborar herramientas normalizadas para su comunidad, habían conquistado el arte de interpretar, que implica educar para seguir interpretando. Interpretar —y educar— está muy vinculado con la palabra interrogar: ¿Qué otro significado puede tener un hecho? ¿Qué más se puede averiguar? ¿Qué hacer frente a nuevas situaciones?

Educar es discernir…

Educar es —muy de acuerdo con Moliner— ejercitar los sentidos, la sensibilidad o el gusto para que aprendan a distinguir lo bueno o qué tiene valor de lo malo. Hoy, más que nunca, educar debería equivaler a aguzar las formas de recibir y procesar eso que lo altruista y lo siniestro que anida la humanidad emite a cada instante sin parar.

Pero, interprete, además, está muy vinculado con el vocablo interrumpir, lo que denota la enorme responsabilidad de frenar una interpretación para dar paso a una distinta y revela otras de las calidades del buen educador: valentía e integridad. Se educa para que la humanidad crezca, no para que mengüe. Educar no siempre significa desechar —aunque sí debe ejercitar para hacerlo, si es necesario—, sino más bien enriquecer lo que viene desde atrás.

Colosal encargo ese de enseñar a descifrar la interpretación que llega desde diversas personas o grupos y que comúnmente hoy se socializa de forma acrítica, lo que estimula la creación de hiperrealidades, situaciones inexistentes, pero con más fuerza que el transcurrir mundano y que motivan acciones descaminadas por la carencia, precisamente, de habilidad para interpretar las “realidades” que llegan.

En El valor de educar, Fernando Savater afirma que nacemos humanos, pero que eso no basta, que tenemos también que llegar a serlo, y que nuestro maestro no es el mundo, sino la vinculación con otras conciencias. Con esto pone de presente otro significante de la palabra educar —educāre—: “sacar fuera”, esa muy activa labor de los educadores para “sacar” el potencial que traen los seres humanos, pero que ha de “sacarse” con la ayuda de otro que interpreta y enseña a interpretar.

Todo esto recuerda el ejercicio de la dialéctica, ese buen invento humano donde se escucha más y se habla menos, que invita a mirar dentro para interpretar, cuestión bastante opuesta al puro choque de opiniones, que más bien divierte en esta era posmodernista donde se reducen o caricaturizan las nociones para poder decir cualquier comodidad y se asume tener una suerte de derecho democrático de poder decir cualquier sandez y embutirla como “realidad”.

Educar debe seguir siendo esa experiencia tan cercana al arte: aprender por la vivencia de lo que alguien transmite, la emoción de interpretar con valentía e integridad, enseñar a otros a seguir haciéndolo con el mismo arrojo y la misma responsabilidad. Eso propendería por mejorar los ideales humanos o, al menos, por mejorar la busca de esos ideales comunes.

Afortunadamente humanidad es esa que siempre se supera y siempre será propia la invitación que hagamos a educar para interpretar, a tener la posibilidad de seguir caminando hacia lo mejor de lo humano.

La información abunda y Savater vuelve a sorprendernos cuando señala que “Enseñar es siempre enseñar al que no sabe”, con lo que recuerda que es un asunto de humanos donde prima el compromiso de ayudar a que se interprete lo mejor posible al mundo en el aula de clases, en la calle o sumergidos en la internet.

0
0
            

No Comments

Leave a Reply