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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
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Don Toba, el primer Romántico

El tono preciso para escribir Más romántico que nunca se lo debo a Tobías Enrique Pumarejo —Don Toba—, que en medio del desamor que vivía en 1993 me hizo comprender que caminar vivo es caminar inconforme, que hay personas que temen porque viven y por eso prefieren dormirse o escapar.

Siempre le agradeceré a mi colega médico y maestro, Álvaro Pumarejo, por hablarle a Don Toba tanto de mí y de mis canciones al punto de que él también quería conocerme. Aquella tarde imborrable en Bogotá, él a sus 87 años y padeciendo un carcinoma avanzado, yo con 28 y viviendo un loco amor, en verdad, terrible, finalmente ambos nos divertimos haciendo voces a sus cantos, tocándole mi guitarra y cantándole mis versos. Se trataba de la misma persona que escribió en 1924:

Siento
a través de tu ventana
que la voz del sentimiento
se ha filtrado hasta tu casa.

Era la misma persona que de acuerdo con los testimonios de Chico Bolaño o Emiliano Zuleta Baquero, entre muchos otros grandes, creó a principios del siglo XX un nuevo aire vallenato que después se llamaría «Paseo», y que además el mismo Don Toba se encargaría de dividir en dos géneros radicalmente distintos: El paseo épico o narrativo o costumbrista (La mariposa) y el paseo romántico o lírico (Callate corazón).

Aquí, el consejo de Don Toba…

Rafael Escalona me contó que siendo niño se ofrecía en Patillal para lavarle su caballo, sólo para oírlo y luego intentar imitarlo en sus cantos narrativos.  Gustavo Gutiérrez en Lírica Vallenata (2.003) lo ubica como su primer y más grande maestro. Esa tarde de 1993 yo sólo quería que me diera pistas, de alguna manera, por dónde seguir caminando después de saber que acababa el amor y debía viajar en poco tiempo, completamente sólo, a Ciudad de México a estudiar por dos años. Entonces empezó a recitar Los tres hermanos:

Mirando la luna llena
y al cielo bien estrellado
se disiparon las penas
de un corazón amargado.

La luna con su mirar
muy sonriente me decía:
no llores, ponte a cantar
que el cielo es tuyo, Tobías

Ahí, frente al primer gran romántico del vallenato, comprendí que el amor que tuve hasta la semana anterior sólo era una luz que se apagaba al nombrarla, que las palabras con que se hacen las promesas son mortales como sus dueños, que caminaba inconforme porque seguía vivo, que aquella persona temía irse a México y por eso prefería dormirse ante aquella oportunidad y escapaba. Desde esa tarde imborrable con Don Toba no temo tanto y escribo más buscando que lo nombrado no se trate sólo de una imagen instantánea que inventa el lodo. Al llegar a mi apartamento dejé por escrito los versos que darían forma final, esa misma noche, a Más romántico que nunca:

Quiero luna buena, esta noche bella
decirlo en mis adentros
pa´ que el mismo viento no sé de ni cuenta
que yo la estoy queriendo.

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