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  • Ascendido a Miembro de Número en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias por "Entre las huellas de la India Catalina", 29 de junio de 2017
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DEL HOMBRE QUE PUSO A ESCRIBIR VALLENATOS A UN PUEBLO

José Parody en su “kiosko parrandero”

HERNÁN URBINA JOIRO

Cuando el acordeón bajaba de La Guajira a Valledupar, por San Juan pasó de largo…”, dijo Escalona para significar que la que llaman ‘Cuna de compositores’ —así bautizaron en 1978 a la tarima de San Juan del Cesar— no tuvo grandes escuelas de acordeoneros como Fonseca y Villanueva. Incluso, hay que decir que hasta hace poco más de cuatro décadas esta afamada ‘Cuna’ tampoco tuvo compositores de relevancia. Algo tuvo que suceder en San Juan del Cesar para que las cosas cambiaran tan radicalmente. 

A finales de los años cincuenta, José Parody —‘Joseíto’— secundaba a Rafael Ramón Romero, el amigo entrañable que en las parrandas se daba el lujo de terciar cantos con Escalona. Rafael Ramón fue el primer sanjuanero que hizo corear sus versos más allá de San Juan del Cesar tras la grabación en 1961 de su ‘Lamento costeño’ por Fortich y Valencia. Para anunciarse como el bardo de San Juan no pudo elegir versos más propios:

Es la voz de nuestros sones que le dice al corazón
Este noble sentimiento que lo he comprendido yo
Lo llevamos en la sangre en constante pulsación
Los lamentos de un costeño por la tierra en que nació…

A principio de los años sesenta ‘Joseíto’ decidió construir en su casa lo que hasta hoy resuena como ‘El kiosco parrandero’, la gran galería de compositores en San Juan del Cesar. En ese kiosco se decidió que ‘La cañaguatera’ de Isaac Carrillo fuera enviada a Alfredo Gutiérrez; allí entregó Máximo Mobil a Alfredo Gutiérrez su primera obra, ‘Mujeres que me dejaron’; ahí recogieron Israel Romero y Rafael Orozco ‘La creciente’ de Hernando Marín; de ese kiosco se llevó Oscar Negrete el tema ‘Experiencias’ con el que Roberto Calderón inició sus grabaciones; los grupos vallenatos, las casas disqueras, todos iban por canciones hasta ‘El kiosco parrandero’ en donde ‘Joseíto’ estimulaba a ensayar a los niños con disposiciones, como ocurrió con Hernán Urbina y Luis Egurrola.

Antes de 1977 había competencias colegiales entre estudiantes sanjuaneros, pero quien, además de foguearlos, los estaba consagrando en el disco era Parody, que en 1977 fundó el gran concurso que convocaría cada año a los mejores autores vallenatos y pondría a soñar a los niños ya no sólo con ser anunciados en ‘El kiosco parrandero’ como promesa, sino con emular a las luminarias que triunfaban en el Festival de San Juan: Máximo Mobil, Roberto Calderón, Hernando Marín, Rafael Manjarres, Rosendo Romero, etc. Repasemos esta historia.

Para octubre de 1977, a nombre de San Juan del Cesar cantaban, principalmente, Isaac Carrillo, Máximo Mobil, Hernando Marín y Roberto Calderón, todos favorecidos por Parody. Pero el hombre de ‘El kiosco parrandero’ decidió ir más allá. Se le midió a fundar el Festival de Compositores de Música Vallenata. A dos meses de la inauguración prevista ningún instituto u órgano administrativo quiso respaldarlo. ‘Joseíto’ decidió jugársela con un puñado de amigos. Hizo su tarima sobre un planchón sostenido por tanques de hojalata y la entechó con palmas. A partir de ese 6 de diciembre de 1977, cuando Heriberto Bermúdez abrió por primera vez su acordeón en la plaza Santander, San Juan del Cesar no volvería ser el pueblo que por entonces se conocía.

Es natural que se busquen otras explicaciones al ‘boom’ sanjuanero en la composición vallenata. Hay respetables que lo atribuyen a las aguas del río Cesar, por ejemplo. Es posible que un día de estos lo achaquen a la genética o algún otro entresijo biológico, por lo que vale la pena comentar un par perlas de dos estudiosos de la creatividad. La doctora Lisa Aziz-Zadeh, profesora del Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad del Sur de California, ha dicho que “Lo fundamental es tener una pasión por un tema, pero enfocándose en un problema específico”. En el caso de San Juan, es difícil encontrar otra motivación más poderosa y específica para emplear la creatividad en escribir vallenatos que la aspiración a consagrarse en los discos o ganar el Festival de Compositores, metas ligadas a José Parody desde los sesenta y setenta, respectivamente.

Ezequiel Gleichgerrcht, investigador del Instituto de Neurología Cognitiva de Argentina, ha escrito: “Una persona puede tener las habilidades necesarias para ser creativo, y no poder serlo. El factor sociocultural juega un rol esencial, pues el acceso a la experiencia va remodelando las conexiones necesarias”. Y así fue. En el esfuerzo, año tras año, para ganar el Festival, los jóvenes de San Juan del Cesar acabaron escribiendo obras que, tras estrenarse en la plaza Santander, el país abrazó como principales.

“La Cuna” de San Juan del Cesar finalmente se llenó de grandes compositores gracias al mecenas que fue Parody y al Festival que él mismo fundó. Esa cuna romántica —en buena parte por el culto a la guitarra— se reunirá desde este 5 de diciembre en el Festival de  Compositores para rendirle homenaje a “Joseíto”, el gran soñador de la música que pudo realizar, para sí y para otros, tantos sueños.

1 de diciembre de 2008
Cartagena de Indias.

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